
La Auto - Infidelidad
Escrito Por: Diana Trilleras. Estudiante de Comunicación Social.
Soy una estudiante de comunicación social, tengo 24 años, y hoy les voy a decir, por qué en algún momento de nuestra vida ¡somos infieles! Con nosotros mismos.
Mi hogar está conformado por: mamá, papá, un hermano mayor y quien les habla. Recuerdo que siendo ¡muy pequeña! mientras jugaba con mi hermano video juegos, nos acompañaba siempre la música de diferentes intérpretes salseros; que nos sumergían en el maravilloso mundo de éste género musical.
Cuando tenía 14 años, fuimos invitados a una reunión en la empresa donde trabajaba mi madre. Era una celebración de cumpleaños, y ¡cómo olvidar aquel momento! Cuando ingresaban unos bailarines de salsa, para brindarnos ¡una presentación fascinante! Desde ese preciso instante, supe que quería aprender más sobre este ritmo. Empecé a tener curiosidad por los bailes de los representantes Colombianos, ¡que me inspiraban!, la ganas de aprender fueron creciendo, pero siempre había un alto en mi camino y era la falta de recursos económicos.
Ya siendo mayor de edad, estaba en la universidad abierta y a distancia (UNAD), donde había empezado mi carrera de comunicación. Para esa época bienestar universitario, ofrecía inscripciones para conformar un grupo de salsa. Y fue así, como inició mi caminar en este género musical uno, que a diferencia de cómo piensan muchas personas; no es nada fácil, hay que hacer muchos sacrificios. Pero yo, estaba ¡feliz!, Por fin había llegado la hora. Pasó el tiempo y terminé completamente enamorada de este estilo de baile, y solo me imaginaba aprendiendo más y compartiendo esta preciosa habilidad.
Pero la vida nunca es fácil, y aunque estaba por fin haciendo lo que me gustaba, (estudiar comunicación y bailar). Llegó el día, en que el destino me iba a poner a prueba. Mientras practicaba fútbol en mi actual universidad, hubo un momento en que una chica me cometió una infracción, y no me podía levantar, tenía un esguince en el tobillo; aunque en ese momento, no lo sabía. Pero, ¡eso no era lo peor! No les ha pasado, que hay épocas donde parece que todo el mundo viniera, ¡encima suyo! Justo dos días después, mi papá, sufrió un accidente cerebro vascular, y ¡yo! Sin poder caminar, tuve que enfrentar ese momento. ¡Qué golpe más difícil!, Cuando de la noche a la mañana, ¡todo cambia en un segundo!
Sin ninguna duda, el instante ¡más complejo de mi vida! Yo no estaba preparada, y el verdadero problema es eso ¡no saberlo enfrentar! Nadie nos enseña ¡cómo levantarnos! Nosotros mismos debemos tomar la decisión ¡está claro! Pero, ¿qué sucede cuando lo que más te gustaba hacer, ya no está a tu alcance, como antes? Pasa el tiempo, y no he podido acceder al baile nuevamente, por cuestiones económicas. Y la cosa ¡está tremenda!, porque en nuestra amada ciudad musical, las oportunidades ¡son pocas! Si quieres acceder a un empleo a fin a tu carrera, para ayudar en tu casa, ¡no puedes hacer lo que te gusta! te toca hacer ¡lo que te toca! ¡Si es que te eligen para hacer algo!
Pues sí, no es raro para nosotros, (los jóvenes), escuchar mientras solicitamos trabajo, la famosa frase ¿y qué experiencia tiene? La respuesta es obvia, ¡ninguna! y es ¡más obvio! Que nunca tendremos experiencia, si no se nos da la oportunidad. Pero lo más grave, ¡no es eso! ¿Que nos toca hacer entonces? Cuando la situación nos deja, contra la espada y la pared. ¡Debemos sacrificarnos un tiempo! y ¿después? ¿Acaso encontraremos nuestro rumbo? ¿Será luego de terminar el pregrado? O quizás, cuando salgamos apuntar al mundo laboral, ¡va a pasar lo mismo que ahora!, Nos tocará, dejar atrás la profesión, porque para eso ¡no hay cabida! Entonces, ¡Se está desperdiciando el talento, en lo que cada persona quiere desempeñarse! Ese esfuerzo, que se ha puesto en lo que más amas durante años; lo que de verdad te mueve, motiva, y no lo que va a ser tu próximo “martirio”.
¿Qué debe primar? Las personas que aman lo que hacen, o aquellas que hacen ¡lo que les toca, porque no tienen más opción! Vivimos en una sociedad donde, ¡somos infieles a nuestra vocación! ¿Qué pasa entonces? Estamos sacrificando nuestra felicidad, por tener comida, dormida, o un número determinado de dinero en la cuenta.
Somos infieles a nosotros mismos, cuándo nos toca dejar a un lado nuestras virtudes, para vivir lo que nos deja la sociedad, lo que el bonito(a) de turno, o algunos patrocinados políticamente, ¡nos ganan, sin méritos!
Según una encuesta publicada por Gallup, en el año 2013. Muestra que el 63% de los trabajadores, ¡no están motivados a la hora de acudir a sus puestos! y tampoco están dispuestos a ofrecer un esfuerzo extra en sus trabajos. El 24%, se manifestó ¡verdaderamente infeliz y poco productivo en su espacio laboral! Y sólo el 13% de los trabajadores de ¡todo el mundo les gusta ir a trabajar! O se sienten "comprometidos" con sus empleos, estas cifras abarcan datos de 140 países, seleccionados durante los años 2011 y 2012.
Lo anteriormente expuesto, ¡deja mucho para reflexionar! algo pasa y no sólo en nuestra ciudad, ¡no estamos satisfechos! Con el mundo laboral. No me imagino una vida frustrada, porque resulte un suplicio ir a trabajar diariamente. ¡Qué calidad de vida, tiene una persona que se identifica con esto! ¿Cuál será la garantía de satisfacción al finalizar nuestra vida?
Seguramente arrepentirnos, por no haber seguido ese sueño que nos motivaba desde muy pequeños, hasta ¡hacerlo posible! Tendremos entonces, esa sensación, en la que triunfó la duda y ese interrogante de, ¿qué hubiese logrado con mi talento? ¡Yo! No quiero esa vida, y ¿ustedes?