
El Papa me habló y yo lo escuché
Escrito por: Laura Alejandra Huepe, Oscar Mauricio
Cardozo, Estudiante de Comunicación Social


El televisor abría con el titular jamás antes visto, “¡El Papa visita a Colombia!” y allí estaba yo, frente a aquel aparato tecnológico que me provocaba un sinfín de sentimientos y emociones por la noticia que divulgaba. Muy bien sabía yo que no podía perderme este acontecimiento, todo a mi alrededor parecía estar a mi favor y la suerte marchaba de mi lado, así lo descubrí cuando me di por enterado que el grupo juvenil Cristo Vive, de la parroquia: “La anunciación del señor”, al que yo pertenezco, tenía en su itinerario de actividades el asistir con sus miembros a dicha visita.
Sin duda alguna para mi esta experiencia me dejaría un recuerdo inmemorable. Tenía claro que aquel viaje para mi significaría un crecimiento de conocimiento espiritual, y al mismo tiempo, marcaria trascendentalmente la historia de Colombia, mi país, un país que siempre se ha encontrado en medio del conflicto y para contrarrestar esta realidad, en mis ojos se adentraba el lema de su visita: “Demos el primer paso”. Satisfacción sentí y como no, si era participe de ella.
Era de madrugada en la plaza Bolívar de Ibagué, me aguardaba el bus que me llevaría a presenciar la tan añorada visita. Fueron 3 horas largas en las que anhelé que el carro arribara. El conductor por fin se detiene y nos informa que hemos llegado al parque Tercer Milenio de la ciudad de Bogotá, estaba feliz, mi espera había terminado. Transcurrieron un par de horas para que se diera la apertura de la plaza de Bolívar a las 6:00 am. Había llegado la hora, las puertas eran abiertas por el personal de seguridad, quienes a su vez realizaban una requisa como protocolo de seguridad antes del ingreso.
La Plaza de Bolívar la recuerdo gigantesca, tanto que cuando la repaso pareciera que logra abarcar todo mi pensamiento. Observe el suelo y era reluciente, no había mancha alguna, la organización de este evento había sido milimétricamente planeada, no había error alguno. Eran las 10:00 de la mañana, las miradas ansiosas de los demás presentes se encuentran con mis ojos inquietos y algo desesperados por la aparición del Papa. De repente una mano que bendecía a la multitud se va acercando por el balcón, este acto despliega euforia a mi alrededor, era evidente que la emoción la compartíamos todos los presentes.
Mis oídos se llenan de sus palabras motivadoras: “Atrévanse a soñar a lo grande, a ese sueño, yo los invito”. Percibí que en el ambiente se postró un aroma de esperanza junto con un espíritu de lucha compartido. Éramos miles de jóvenes, una juventud entera que esperaba por estas palabas de ánimo, estoy seguro que todos los que estábamos ahí las escuchamos y sentimos que su reflexión estaría presente en los días por venir y por siempre. Fueron pocos minutos frente a él, Francisco, el jerarca de la iglesia que ha logrado llegar al corazón de cientos de miles de personas en el mundo, por eso no lo podía creer, esta vez nos hablaba a nosotros, me hablaba a mí y su mensaje se quedó conmigo para siempre.