
“La vieja guardia”
Por: Luz Ginneth Moncada Arango
Asignatura: Gramática
El COIBA, complejo carcelario de Ibagué, tan grande, como la ilusión de salir de allí de las personas que lo habitan, dividido en siete bloques y que en la actualidad alberga un promedio de seis mil (6.000) ppl (personal privada de la libertad); de los siete bloques, encontramos en el número cuatro la reclusión de mujeres, con un promedio de 420 reclusas divididas en tres pabellones, están allí porque fueron consideradas “un peligro para la sociedad”, diferentes delitos, diferentes regiones y religiones, que deben aprender a convivir porque así lo decidió la ley.
Todos los días son diferentes en la cárcel, todos los días se escribe una nueva historia con los mismos protagonistas, que de una u otra forma viven el mismo sufrimiento.
Yesica, una joven de 28 años condenada a 16 años por homicidio y hurto, a quien la vida le ofreció muchos caminos, y ella sin pensar tomó el incorrecto, un camino lleno de malas amistades, drogas, alcohol y pésimas decisiones, “una interna problema”, así se le conoce a aquellas ppl con constantes brotes de indisciplina, a esto podemos sumarle su farmacodependencia y tendencias suicidas; ya que constantemente se autolesionan; se cortan, utilizando una cuchilla de afeitar, la cual desbaratan para obtener la hoja con filo que según ellas “les calma la ansiedad”; sería mejor referirnos al síndrome de abstinencia, actuaciones que aparecen en una persona cuando deja bruscamente de tomar una sustancia a la cual está habituada o es adicta, especialmente una droga.
“Perra hijueputa, me le voy a tirar el turno”, “me le voy a cortar”; gritaba Yesica en el patio; “disponibles al uno”, se escuchaba por el radio a la dragoneante de turno, solicitando el apoyo de sus compañeras. Al llegar allí, encuentro a Yesica bastante alterada, desafiante, tornándose agresiva y mostrando la cuchilla que tenía lista para hacerse o causar algún daño.
“Negra que pasa, venga y hablamos, entréguese eso”, fue mi reacción al ver lo que estaba sucediendo. Yesica, al ver al grupo de dragoneantes listas para actuar y retomar el control de la situación grita desesperadamente “déjenme sana, yo hablo con la seño (refiriéndose a la guardiana) Ginneth”. Permitiéndome así, poder acercarme a ella.
Es un riesgo que debemos tomar al enfrentar estas situaciones, queda solamente encomendarnos a Dios y que sea él quien nos permita llegar probablemente a una solución favorable, sin tener que hacer uso de la fuerza o de alguno de los medios coercitivos que son permitidos por ley, como los gases, la tonfa (bastón de mando), entre otros.
Es así como decido amablemente estirar mi brazo mostrando la palma de la mano, en señal que le recibiría la cuchilla, “tranquila, no va a pasar nada” le dije; veo en sus ojos un poco de confianza, confianza depositada en mí, en mis palabras, en mi presencia; se acerca nuevamente y sin titubear, sosteniéndome la mirada, me entrega la cuchilla, sonríe y dice “ la palabra es una sola, mis respetos con usted, seño”, mira a mis compañeras y a las demás ppl se sube a una mesa y grita nuevamente “¡el respeto se gana, escuchen bien, no es solo ponerse un canchón azul (uniforme del cuerpo de custodia y vigilancia!”; a la vez que empieza a señalar con el dedo a las dragoneantes que estaban conmigo, y ella, refiriéndose a mí sin dudar y poniéndose la mano en el pecho, alzando nuevamente su voz, dice “¡ella, ella tiene mi respeto!”, “¿y por qué, acaso quien es ella?”, alguien murmuró dentro del grupo de ppl que estaban acorraladas en el patio y lo único que ella les contestó fue, “porque es… de la vieja Guardia”.
Vieja guardia, es aquel personal del cuerpo de custodia y vigilancia que lleva mucho tiempo de servicio.