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La cárcel

Por: Jinet Cristina Cruz Gallo

Asignatura: Gramática

Es la mañana del 27 de abril del año 2011, al Buen Pastor la cárcel que alberga más mujeres privadas de la libertad en el país y que se encuentra ubicada en un barrio de clase media de la capital, llega un bus, procedente de la Escuela penitenciaria, la única en Colombia que capacita personas para que trabajen custodiando los privados de la libertad en las diferentes cárceles  colombianas.

 

En su interior lleva 103 mujeres, que se capacitaron para cuidar internos pero que en su mayoría para no precisar que ninguna conoce de primera mano a alguno, que mucho aprendieron de ellos en las aulas de la escuela pero que ignoran lo alejada que es la realidad de lo aprendido.

 

El recuerdo de un enorme portón azul abriéndose sin pausa y sin prisa dibuja la expectativa de Cristina, una joven que a pesar de haber recibido capacitación para trabajar en una cárcel, jamás había pisado una. El miedo de afrontar la realidad de la que ahora sería su vida la invade y tan solo la compañía de una maletada de  sueños revueltos con uniformes es el respaldo para poner cara de valiente. El cuerpo lo tiene helado las palabras casi no salen y mira expectante a todos lados tratando de encontrar en medio del recorrido de inducción la crueldad de la que tanto se le habló en las aulas de la escuela.

“Nos recibió mi Mayor Magnolia, una señora de unos 50 años aproximadamente con una mirada que intimida, se nota los años de experiencia y la capacidad de dominar tan solo con la presencia, es la comandante de vigilancia del establecimiento, nos informa que haremos un recorrido de inducción. Se abre una pequeña puerta blanca que da al primer patio interno de la cárcel, tiene el aspecto del patio de una casa vieja de campo y se conecta con un patio más pequeño donde apenas se ven dos puertas más que están cerradas y finalmente atravesamos una reja, empieza  un pasillo enorme frío y oscuro que conecta los patios más grandes de la cárcel y se escucha la algarabía de las internas, pero el miedo que sentía empieza a desvanecerse”… Son las palabras de una mujer que por fin conoce una cárcel …“La cárcel es tan diferente a lo que me imagine, me mostraron videos de personas que en la cara se les veía la maldad, que no tenían piedad y me dijeron hasta el cansancio que yo debía ser inquebrantable, no tener miedo o por lo menos que no se me notara. Sin embargo no me contaron la diversidad de cosas que encontraría, personas que iban desde la similitud de lo que me mostraron hasta personas que me superaban en conocimientos, estudios y experiencia en la vida”.

Cada vez que se reflexiona sobre las cárceles se habla de los internos, de sus necesidades, de sus derechos, pero difícilmente alguien se detiene a meditar sobre la labor de los custodios, esos que se convierten en la eterna compañía de las condenas de cada uno de los privados de la libertad, esos que 24/7 están para velar que no se evadan de la medida que les interpuso un juzgado, sino que de paso suplen todas sus necesidades, que aun sin titularse aprenden de medicina, psicología, trabajo social, derecho y hasta consejeros se vuelven con tal de evitar que se presente alguna novedad en el turno, esos que dejan familia, fechas especiales y todo lo que sea necesario para poder cumplir con su servicio.

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Realizado por programa de Comunicación Social - UNIMINUTO. Centro Universitario Ibagué

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