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Mamá sin fronteras

Por: Lina Tatiana Alfaro Velásquez

Asignatura: Gramática

En las cárceles del país y del mundo, se vive la limitación de las mujeres para desarrollar o seguir desarrollando su papel como madres. Múltiples casos o experiencias que rodean las rejas, pero que aun así siguen siendo madres sin fronteras, madres sin rejas.


 

Celda 18, segundo piso, pabellón 23, 4 planchones o camas.

Yulied con 'd' al final porque su mamá así lo dijo “y no pienso cambiarlo” dice ella, su condena es de 6 años, lleva 2 de prisión, dos hijos Jonathan de 18 años actualmente y Lucía de 16. 

Jonathan siente la ausencia de su madre y se convierte en un adolescente introvertido, lucia muestra su soledad cada día, y la demuestra rapándose su cabeza y un profundo silencio con Yulied, su madre. “me siendo triste saber que no puedo guiar a mis hijos, y más cuando pienso que mis hermanas influyen para que se pongan en mi contra o me juzguen” dice Yulied.

 

Las lágrimas y el dolor se apoderan de la celda, se vive la impotencia al no poder consolar a Sandra Patricia, a quien no le gusta para nada su segundo nombre. Duerme en el planchón B, debajo de Yulied quien duerme en el planchón C. 10 años hace que asesinaron a su hijo mayor, y aun sin reponerse siquiera un tanto de su tragedia y a un año de estar pagando su condena de 7 años asesinaron su segundo hijo. Solo piensa en que ya no quiere vivir, recordar la imagen de su hijo mayor envuelto en bolsas negras, abandonado en un rastrojo y recibir la muerte de su segundo hijo encerrada, no la deja con ganas ni siquiera de hablar con nadie, ni de mencionar sus nombres. Su hija Camila la ha reconfortado y Sandra sabe que, por ella, solo por ella vale la pena seguir viviendo, ahora más que le dio una nieta, y el nieto “junior” que le quedo de su hijo mayor, pero que está en el ICBF, lo peor con ganas de vengarse con tan solo 14 años de edad.

En el planchón A, donde descansa Tatiana, adornado con fotografías de  Santiago su hijo de 7 años de edad, a quien esta condena de 18 años, logro separarlos hace 4 años, tenía 3 en ese entonces, lindo, cachetón y muy inteligente, sus picos; dejo en Tatiana recuerdos vividos de sus gustos sus palabras no tan claras “nunca supe que quería decir con – ateto no maneno”, ya no quiere estudiar, se volvió agresivo en ocasiones pero siempre llega a la misma conclusión “amo a mi mamá” “extraño a mi mamá”. Cómo decirle a mi hijo que no estaré con el pronto, que me perderé de sus bellos episodios en su vida, a lo mejor tenga un problema de daltonismo y aun en el colegio no lo saben y yo no puedo estar pendiente de que lo lleven a un especialista, y evitarle una vida de diferencias y él ni se entere. Si no fuera porque él todos los días le pide a Diosito por mi pronta libertad mis esperanzas se reducirían mucho.

Real y egoístamente ve a Sandra en frente y da gracias que aún tiene oportunidad con su hijo, lamenta que ella no tenga a los suyos y más aún que no pueda decirle nada de ánimo.

El más alto el planchón D es ocupado por Mayerly, con 4 hijos de 23,20,19,16; lleva 4 años de prisión de 9 y medio de condena, quienes estando solos pasaron muchas necesidades, pero solo es estar sin ella sienten que el mundo se les derrumba cada día, les sucede más a los dos varones, se afligen mucho y se refugian en sus dos hermanas. Ahora su hija de 19 salió del país se trasladó a chile, “donde hace mucho frio” dice y ella padece de asma. Aunque el aspecto material y económico funciona medianamente bien, el emocional no, la soledad invade sus vidas, aunque como dice ella “creo que soy de las pocas que puedo decir que, si tengo momento de felicidad aquí, siento que me complace saber que aquí aprendí a ser mejor y a corregir mis errores, eso hace que sepa esperar mi libertad.

 Así como ellas en la celda 18 del segundo piso hay 23 celdas más en el mismo y 21 celdas en el primer piso, en el mismo patio y la misma cantidad en el patio del frente, aproximadamente 400 mujeres que entraron siendo madres, amando a sus hijos y haciendo de su mundo algo maravilloso y lindo en un hogar con calor de mama.

Hay sueños, planes, ilusiones para un después de que salgan, los hijos permanecen con actitud liberadora y hacen que sus madres se entusiasmen.

Así transcurren sus días. Cada una de sus condenas, al final de ellas después de realizar sus actividades vuelven a su  celda a ver cada una la cara de la otra y volver a recorrer la historie, con la misma compasión fortaleza, alegría, expectativa, y la pregunta diaria “ hasta cuando Dios” y no es precisamente Dios el que hace escucha su voz sino alguna compañera que responde “ hasta cuando la pague”, en ese momento salen risas y así cada atardecer en medio de la tristeza y la espera que son difíciles que se escapen, quedan apretadas entre 4 habitantes en una celda de 3por 3 y llena de maletas zapatos, ropa y el baño; de allí no se puede desplazar ni siquiera estos sentimientos que se vuelven parte del diario vivir, como el hambre, la sed, el sueño y la fe.

Al asomarse por la reja o puerta, de la celda se ven rostros con la misma expresión, ¿Cuál es? Aun no se puede identificar, todo lo que se vive en reclusión trasforma los rostros.

Las mujeres las madres, las hijas, las que quieren ser madres, guardan la fuerza y la esperanza con la que contagian a quienes poco a poco van perdiendo la fe dejan de creer en que todo se puede cambiar para mejor.  Las madres de la cárcel llevamos siempre la pasión, el amor, el fuego con que anhelamos ver a nuestros hijos en nuestros corazones y nuestras venas. Mujeres como Yulied, Tatiana, Mayerly, esperan hasta el último segundo de condena para regresar al lado de sus hijos, por otro lado, mujeres como Sandra, saldrán a revivir ese episodio inconcluso con la muerte de sus hijos; pero con retoños que las llenaron de amor y perdón.

Las madres de la cárcel si nosotras que estamos aquí nos comunicamos por teléfono y vemos a nuestros hijos en visita ¿Qué pasará con las madres que están en cautiverio secuestradas o en el monte? Aunque estamos en esta situación estamos bendecidas porque ellas están sufriendo peor. Así somos las madres, con un corazón y un amor tan grande que ni la adversidad nos quita el titulo merecido.

Por ahora solo les queda aprovechar cada segundo que logren estar, escuchar y ver a nuestros hijos para recordarles que ellos son nuestro soporte, nuestro bordón, lo que hace que aun que aún atrapadas por rejas nos sentimos libres de corazón, de pensamiento y somos inmensamente felices porque ellos son nuestra libertad.

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Realizado por programa de Comunicación Social - UNIMINUTO. Centro Universitario Ibagué

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